Según el enfoque, análisis y encuadre que se haga del fenómeno de la soledad no deseada, la estrategia a seguir para abordarlo será distinta. Uno de los primeros aspectos a tener en cuenta es que existen diferentes perspectivas a la hora de analizar la soledad no deseada, desde visiones muy alarmistas “estamos ante una epidemia de soledad” hasta enfoques que, por el contrario, “miran, rescatan y ponen en valor la vivencia individual y subjetiva del sentimiento individual de soledad como un hecho problemático”.

Enfoque de los proyectos que abordan la soledad

Otras miradas, sin embargo, dejan aparte el sentimiento individual de soledad y se centran en su realidad relacional poniendo en el centro el grado de aislamiento social que tiene la persona.

Desde otras orientaciones, lo que interesa no es tanto el sentimiento de soledad o el aislamiento social sino las consecuencias colaterales que tiene la soledad (problemas de seguridad física, de salud, de subsistencia económica…).

Otros enfoques centran su prioridad en la prevención para que un determinado problema no vuelva a aparecer profundizando en las causas y origen del mismo y desarrollando estrategias de carácter estructural, preventivo o comunitario.

También encontramos propuestas que apuntan hacia orientaciones más individuales y paliativas. Y otras actuaciones donde predomina el carácter técnico y especializado (psicoterapia, trabajo social, arquitectura, político social general…) frente a propuestas más integradas que incorporan miradas intersectoriales.

En cualquier caso, es importante considerar que, a pesar de que la soledad puede desembocar en múltiples problemáticas (seguridad física, empeoramiento de la salud,…), hay que hacer especial hincapié en poner el foco en la soledad no deseada lo que no implica dejar fuera otras situaciones como: vulnerabilidad económica, salud, vivienda,…

Asimismo, es primordial que los proyectos generen una visión diferente de la soledad y contribuyan a desestigmatizarla.

Actualmente, existe una percepción generalizada de que estar sólo o sola es perjudicial y esto condiciona en gran medida el tipo de intervenciones a realizar.

Quizás debiéramos cuestionarnos si la soledad no deseada se rompe porque deja de ser soledad o porque deja de ser no deseada.

Unido a esto, es habitual pensar en la persona mayor como demandante de ayuda en lugar de considerarla como persona que puede ofrecer ayuda con lo que estamos contribuyendo a visibilizar a la persona mayor como una carga.

El sentimiento de utilidad para las personas mayores es fundamental, si fuésemos capaces de generar una sociedad donde la persona mayor siente que es necesaria y nos referimos a ella como potencial de ayuda a las demás personas avanzaríamos mucho en la desestigmatización del colectivo.

Siempre partiendo de la libertad individual porque las personas mayores también pueden decidir “no hacer nada” sin que por ello tenga que percibirse como una carga social.

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