El latido asociativo promueve emociones positivas relacionadas con los apegos colectivos en las personas mayores.

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A lo largo de estos años de recorrido en las diferentes Asociaciones de Jubilados/as de Donostia, he podido descubrir la realidad de estos centros, cuyo rol es esencial en la vida de muchas personas mayores de la ciudad y que gracias a la dedicación de las propias personas mayores en las tareas de gestión y organización, es posible que hoy existan y pervivan en el tiempo.

En una ciudad como Donostia, las asociaciones dan servicio a más de 13.000 personas mayores.

Dentro de cada barrio es el lugar de referencia para las personas mayores, y, aquellas que no los conocían o tenían una idea “preconcebida” acerca de lo que eran, se sorprenden gratamente con la diversidad de opciones que ofrecen.

No podemos sino describir lo que allí ocurre como emociones positivas relacionadas con los apegos colectivos. Podríamos hablar de “cemento social” que hace se mantengan los vínculos afectivos y provoquen la formación de apegos duraderos. Las relaciones que se establecen generan bienestar social, impactos positivos sobre la salud, incremento de la confianza y contrarrestan estrés.

La interacción social es fundamental a lo largo de nuestra vida.

“Las personas sufrimos si nos aíslan de la sociedad”

 

 ¿Qué late en la asociación?

El latido de la asociación, metafóricamente hablando, se  podría definir como un espacio lleno de personas en el que priman las relaciones, el aprendizaje, el reaprendizaje, el acompañamiento, los retos, las  capacitaciones, las colaboraciones, el empoderamiento, y muchísimas más cosas que se tejen dentro de ellas.

Un espacio compartido en el que la persona mayor se reconoce y le gusta estar y hacer. Un espacio que ha evolucionado: en el pasado, eran lugares en los que las personas mayores simplemente estaban, hoy en día son entornos en los que se realizan todo tipo de actividades: preventivas, socioculturales y sociorecreativas.

La actividad que toman estos centros es vertiginosa gracias, también, a la involucración de las personas de las juntas.

 

 ¿Qué recojo en mi día a día?

A lo largo de estos diez años de recorrido profesional me llevo, cada día, aprendizajes.  Las personas mayores comparten vivencias, historias únicas y llenas de anécdotas. Valores, como el compromiso, la puntualidad, que a veces en otros espacios son difíciles de encontrar…  el cariño, la tolerancia, la comprensión, el agradecimiento, …

Valores empastados con los de una entidad cooperativa perteneciente al tercer sector de intervención social, que avanza gracias a los aprendizajes diarios que recibimos las personas que compartimos nuestro día a día profesional con personas mayores.

Finaliza mi jornada y hacen que me sienta plena y con ganas de seguir trabajando, apoyando y colaborando en todo aquello que sea facilitador para ellos y ellas.

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