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El componente social en el centro del desarrollo organizativo

Las personas por definición somos seres sociales, y de un modo especial, la Sociedad Vasca se caracteriza por la importancia que le damos a nuestra vida social, a la cuadrilla, al Txoko o La Sociedad, a la familia… Pues bien, si esto lo trasladamos a los ámbitos de trabajo, espacios en los que discurre una parte importante de nuestra vida, esta forma empresarial, el cooperativismo, permite también situar el componente social no solo en un lugar destacado, sino central en el desarrollo organizativo.

Y es que la empresa cooperativa, desde que está en su fase embrionaria, y de modo voluntario, opta por desplegar la actividad de su negocio al abrigo de unos principios y valores que le van a arropar, inspirar y comprometer a lo largo de toda su andadura empresarial; valores que nos gustaría estuvieran presentes en todas nuestras relaciones sociales: democracia, participación, compromiso, cooperación, honestidad, responsabilidad, transparencia… Y esto sin perder de vista el rigor que la gestión empresarial precisa. Con todo esto, las cooperativas situamos en el eje central, en torno al cual gira la actividad, a la persona, siendo el único modelo de empresa que garantiza que la persona pueda participar plenamente en su empresa, esto es, participación en la gestión, participación en los resultados y participación en el capital. Es una apuesta total por la persona sin hibridaciones intermedias.

También debemos resaltar el reparto y generación de riqueza; económica, a través de sistemas retributivos que posibilitan un reparto más igualitario, mediante una distribución de retornos equitativo, justo y solidario, y con la reinversión de los resultados para dotar a la cooperativa de músculo financiero potente garante de futuro y de legado; personal, a través de una apuesta clara y firme por la educación, por la formación continua y por ende por el empoderamiento de las personas, en un entorno donde este modelo lidera la creación de empleos con un objetivo univoco de estabilidad y seguridad.

Y mencionar también nuestra apuesta por el territorio, por el desarrollo local, por el arraigo a nuestros pueblos, por la persona ciudadana y fortalecimiento de la cultura vasca y de su lengua, el euskera, a través del apoyo a procesos de normalización en el uso de la misma en las cooperativas.

Tras estas breves pinceladas de corte social sobre el cooperativismo, no hay que olvidar que nos encontramos ante empresas presentes en todos los sectores de actividad, inmersas en procesos de internacionalización, con centros tecnológicos que refuerzan la investigación e innovación que reportan grandes valores añadidos, y todo ello con el objetivo de lograr altos niveles de competitividad y eficiencia empresarial.

El movimiento cooperativo en estos últimos años tan convulsos, ha sido la plataforma de apoyo y lanzamiento del emprendimiento colectivo en formato micro, que no por su tamaño es menos importante, ya que ha logrado dotar a las personas emprendedoras, que estando ante situaciones difíciles, de acceso al instrumento y herramientas para poder poner en marcha un proyecto compartido.

Lejos de caer en la auto complacencia, las cifras hablan por sí solas. El movimiento cooperativo vasco federado cierra el año 2016 habiendo dando empleo a 55.000 personas, de este dato un 52% son mujeres, todas estas personas están empleadas en un total de casi 1.200 cooperativas y ha superado los 9.000 millones de euros de facturación, de ellos más de 5.000 millones de euros son provenientes de operaciones internacionales.

Artículo de opinión (sección Tribuna) publicado en el Anuario 2016 de Estrategia Empresarial, por Rosa Lavín, presidenta de Konfekoop, Euskadiko Kooperatiben Konfederazioa.

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ESTRATEGIA EMPRESARIAL

DICIEMBRE, 2016

Componente social: Desarrollo organizativo. Estrategia empresarial, 12-2016