La respuesta más extendida que se viene dando al fenómeno de la soledad no deseada es débil porque se centra, fundamentalmente, en las necesidades objetivas de aislamiento social, no de sentimiento subjetivo de soledad.

Las personas somos seres únicos y eso conlleva, a su vez, necesidades únicas. De ahí que las respuestas y los modelos de intervención deben ofrecer soluciones individuales.

A la hora de plantear propuestas de intervención es preciso garantizar la libertad de las personas estableciendo estrategias de acercamiento que permitan “elegir”.

Es primordial que la persona tenga capacidad de elección para decidir hasta dónde quiere la ayuda que se le está ofreciendo. Hay que explicar, acompañar y establecer una conexión personal que permita estar al lado de la persona sin forzarla.

No se trata de ofrecer respuestas sino opciones porque cada persona tiene su propia individualidad y vive las situaciones de forma muy particular.

Estrategias de prevención centrada en las personas.

El modelo de atención centrada en la persona, orientado a su empoderamiento, por tanto, al reconocimiento del derecho de la persona a determinar si participa o no en su propio proceso de intervención, es una de las claves para abordar la soledad no deseada.

El reconocimiento del derecho de la persona a resolver si participa o no evita el efecto contrario al deseado. Sin embargo, en ocasiones nos encontramos con que el ámbito profesional que está en el entorno de las personas es quien determina si una persona tiene un problema de soledad.

¿Nos hemos planteado que las personas pueden estar solas y no sentirse solas (y viceversa)?

Abordaje ecológico en la intervención para la prevención del sentimiento de soledad.

Sabemos las dificultades con las que nos encontramos pero el reto está en lograr el equilibrio entre ser capaces de personalizar, es decir, de incorporar las peculiaridades y particularidades de las personas (diversidad sexual, edad, género…) y, a su vez, plantear estrategias de intervención que tengan un impacto en el entorno.  Para ello, incorporar el abordaje ecológico en la intervención puede ser una de las claves.

En el abordaje ecológico (también conocido como un enfoque poblacional o una aproximación estructural) se interviene con las personas y también se incide en sus entornos familiares, comunitarios y sociales en general.  A la hora de abordar la soledad no deseada incorporar la clave ecológica supone diseñar propuestas que incidan en los entornos, en un sentido amplio y valorar el efecto (deseado o no deseado) de la intervención en los diferentes contextos.

Asimismo, hay que tener en cuenta que intervenciones que a priori pueden parecer alejadas del núcleo central del problema de la soledad, tales como la modificación del diseño urbano, pueden tener como resultado la ampliación de espacios públicos de encuentro y, por tanto, la creación de nuevos vínculos sociales que mitiguen la soledad no deseada. Este elemento adquiere mayor importancia en las zonas rurales ya que si desaparecen estos espacios se pierde el eje de las relaciones y se debilitan las dinámicas de relación social.

La existencia de una red comunitaria potente, especialmente a la hora de abordar el fenómeno de la soledad no deseada, es fundamental para elaborar estrategias de trabajo.

En esta línea es preciso:

  • Recuperar y transmitir valores sociales que acerquen a todas las personas a la realidad “no aislarnos de la realidad social que no siempre es agradable”.
  • Ser capaces de analizar el entorno.
  • Entender que la administración tiene que garantizar algunos derechos a la ciudadanía.
  • Concienciarnos, como personas, de la responsabilidad social que tenemos. Establecer un modelo de sociedad en el cual «todas las demás personas» importen.

Como parte de la ciudadanía que somos, es importante entender que, además de derechos tenemos deberes, porque el sentimiento de soledad y la vivencia de que “nadie está a mi lado y me siento fracasada” no surge de un día para otro sino que se va fraguando con el tiempo y aunque no sepamos cómo se traspasa ese límite si sabemos cómo se sale.

Reforzar el factor humano, vinculado a las personas desde el cariño y permanecer al lado de ellas. En conclusión, asumiendo nuestra responsabilidad social.

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Este artículo se enmarca en reflexiones surgidas a lo largo del proyecto de Bizkaia Saretu, la escuela de prevención de la soledad no deseada, con la colaboración de BBK Fundazioa.

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